Quizá
23 de agosto de 2014
Wise Words. Mientras uno va buscando el sentido de la vida quizá nos demos cuenta que la vida no tiene sentido. Quizá solo tengamos que vivirla.
La Final
Domingo 13 de Julio de 2014. Debería estar estudiando, o más bien, durmiendo. Van a
ser las 4 de la mañana y no puedo pegar un ojo. En mi vida presencié solo 5
mundiales: el del 98, el del 2002, 2006, 2010 y el actual. Realmente, de los
que en verdad tengo memoria y ya hayan pasado son los del 2006 (cuando tenía 11
años) y el siguiente, a los 15. En ambas ocasiones nos despedimos tempranamente
en instancias de cuartos al enfrentarnos con Alemania, un equipo frío, duro y
excelente. Hoy, en este día se va a
jugar la copa mundial 2014.
Increíblemente, no le apostaba absolutamente nada a la selección este año y
resulta que hoy nos enfrentamos de nuevo con Alemania,
pero en la gran final. Nunca creí tampoco que íbamos a lograr sortear todos los
obstáculos en octavos, cuartos, semifinales hasta llegar a los dos mejores
equipos y países jugadores de fútbol. Pero acá estamos, en la final, y con nada
menos que Alemania. En verdad, el hecho de haber llegado hasta esta instancia
me sorprendió muchísimo, me dejó perpleja, venimos jugando bastante bien y no
importa el resultado de esta final, yo me voy a ir feliz porque en verdad nada
me esperaba. Avanzamos a grandes pasos dejando todo en la cancha y pude notar
en todo este mes que los jugadores se divirtieron, se sentían cómodos con su
equipo, Argentina fue creciendo a medida que avanzaban los partidos y que la
felicidad de los 40 millones de argentinos no se va a ir nunca más.
Si perdemos, nos
retiramos con gloria.
Con la gloria de haber llegado a la final, de haber crecido, de haber llegado a
la última instancia y de habernos divertido tanto; desde nosotros como hinchas
y espectadores, los jugadores como nuestro equipo representante, y los que
tuvieron la suerte de poder viajar para verlos cara a cara de tan cerca.
Gracias por todo lo que dieron, nos dejaron con la boca cerrada a todos los que
no teníamos confianza en el nuevo equipo. Si perdemos, no quedará otra que
aplaudir el mérito, celebrar lo logrado, tratar de no angustiarse y tratar de
pensar en otra cosa. Alejarse un poco de las redes sociales por un pequeño
tiempo y ocupar nuestras actividades diarias con cosas no tan deprimentes.
Seguramente esta es solo una de mil chances más que tendremos en el futuro para
ser campeones. Podremos contarles a nuestros descendientes lo lindo que fue
mirar este mundial y haber presenciado tanto, estar tan cerca de la copa.
Si
ganamos… Sinceramente no quiero alardear ni emocionarme mucho porque como dice
el dicho en inglés “hope for the best,
expect for the worst” = “desea lo mejor, pero prepárate para lo peor”. Hay que
mentalizarse las dos facetas para no tener tanto nervio en este partido. Pero
si ganamos… El día sería recordado como uno de los mejores días de la historia
Argentina. El fútbol acá es uno de los deportes más importantes que realizan
personas de todas las edades y de cualquier sexo. El mundial, es la oportunidad
de lucirnos cada cuatro años, de unirnos los 40 millones, unir nuestra
nacionalidad en un propósito, y el alzar la copa en Brasil y traerla a casa va
a ser el regalo más hermoso que podríamos tener en este día. Obviamente saldría
a festejar por las calles, el júbilo rondaría por absolutamente todas las caras
de las personas, quedaría afónica de lo mucho que pienso gritar y emocionarme
porque este día sería único. Sería mágico. Podríamos decirle a todos: “yo estuve, yo viví el Argentina campeón del
mundo en Brasil 2014”. Yo viví la tercera copa. Y si bien, como dije
anteriormente, los alemanes son un equipo frío, duro y excelente que se jacta
de sí mismo y confía en tener la copa asegurada; nosotros somos apasionados,
improvisados, dejamos todo, tenemos un gran equipo, tenemos un sueño, y ese
sueño podría no estar tan lejos de la realidad...
Ganes o pierdas, llegar a la final es una de las mejores cosas
que nos pudo haber pasado.
¡Vamos Argentina! ¡Vamos carajo!
Ciudad Fantasma
5 de abril de 2014
Frío. Viento frío y seco siento calando por mis huesos en
este invierno frío, frío. Siento un pitido en mis oídos. No se va. En el parque
no se escucha ni se ve ningún niño con quien jugar, los toboganes están
empolvados, los columpios rechinan, se ven tristes en soledad, moviéndose con
el viento. Cae la tarde como todas. Estoy aquí, no sé muy bien cómo llegue ni
cuándo, solo sé qué hace mucho frío y que no tengo suficiente abrigo con que
cubrirme. ¿Dónde están los otros niños? ¿Dónde está mamá? Quiero irme a mi
casa. Se hace cada vez más difícil dar pasos, está todo muy confuso y el
silencio me molesta. Qué extraño, los árboles tienen un color algo rojizo. La
calle está tan desierta, no se oye nada y sin embargo no puedo quitarme este zumbido
de la cabeza. Toso. Toso más. Necesito algo de comer, ya siento que estoy
desapareciendo. Mis manitas se ven borrosas, es decir, creo que todo se ve
borroso ya. Veo un banco sumergido en el interior del parque y me dirijo hacia
él. Aquí podré dormir algo, tengo mucho sueño y no sé cómo llegar a mi casa.
Tengo mucho miedo. ¿Qué ha pasado? Mientras me abrazo el cuerpo contra mis
piernas en el banco para sentir menos el frío observo fijamente lo que queda de
un periódico lleno de polvo, tierra y escombros. Leo la fecha, Sábado 26 de
abril, 1986. No me acordaba en qué día estábamos. Sin embargo, ¿por qué me
resulta tan familiar esa fecha? ¿Fue hoy? No, imposible. Ah! Aquel día habíamos quedado en este mismo
parque con mis amigos para un partidito de pelota. Pero, no me acuerdo quién
ganó. De hecho, tampoco me acuerdo haberlo jugado. Fue hace mucho ya de eso.
Ojeo un poco el diario mientras veo una rata tendida boca arriba detrás de
donde estoy sentado. Ay mamá, ¿dónde estás? No me gustan las ratas. Parece dormida
pero me gustaría que la saques. La última vez que la vi a mamá se estaba
peinando en su habitación y me dio un beso. Me dirigía aquí, a este parque, fue
ese veintiséis, me tocaba a mi llevar la pelota para el partido. ¿Qué pasa?
¿Dónde están Iván, Marko y Viktor? Ya no puedo verme los pies. Tengo mucho
frío. Solo me acuerdo… una explosión. ¡Papá! Creo que algo se prendía fuego. Un
hongo salía de donde trabaja papi, ayer en su oficina no había visto eso. ¿Qué
pasa? ¿En dónde estoy? Se me nubla la vista. ¿Mamá, papá, en dónde están? ¿A
dónde voy? Estoy solo, tengo frío y ya no veo nada.
Just when we think we figured things out, the universe
throws us a curveball. So, we have to improvise. We find happiness in
unexpected places. We find ourselves back to the things that matter the most.
The universe is funny that way. Sometimes it just has a way of making sure we
wind up exactly where we belong.
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